Tras escuchar las exitosas y decisivas intervenciones del Presidente Obama frente a cada uno de los grandes asuntos mundiales, al Islam desde El Cairo, a los jóvenes rusos en la Nueva Escuela de Economía de Moscú y a África desde el parlamento de Ghana – decepciona observar la falta de concepto político hacia América Latina.
Recientes medidas hacia la región parecen reflejar más bien una preponderancia de intereses militares de Estados Unidos que políticas animadas por un espíritu de cooperación hemisférica. Porque, para América Latina, Estados Unidos no parece tener por ahora nada equivalente a las bases y propuestas adelantadas para otras regiones. El primer resultado es que el impacto combinado de acciones recientes ha enfriado expectativas iniciales puestas en una eventual nueva versión de la política del ‘buen vecino’ de Estados Unidos hacia la región. Contradicen esas expectativas la propensión de neutralidad mostrada por el Departamento de Estado tras el golpe de Estado derechista de Honduras y la posibilidad abierta por el presidente Uribe de una mayor influencia militar estadounidense en América del Sur.
En un continente en el que, en años recientes, la mayoría de los países han avanzado políticas pragmáticamente progresistas de centro izquierda y objetivos de integración regional, la política de Estados Unidos hacia América Latina se desdibuja en reforzados y conocidos moldes tradicionales. La sospecha es que la administración Obama no tiene un concepto de política hemisférica. La mencionada neutralidad del Departamento de Estado frente al golpe de Honduras así como la expansión del radio de vigilancia que significan las bases militares en Colombia parece concretar intereses fácticos del Pentágono. El resultado es que la esperada transición post-Bush de la era Obama muestra primeros indicios de desencuentros entre Estados Unidos y América Latina. Las propias organizaciones de integración regional – como Unasur en el caso de América del Sur debieran abogar y cuidar los significativos avances recientes de autovalencia mostrados por América del Sur en el contexto internacional. Y seguir la sugerencia del presidente Lula da Silva, de invitar al Presidente Obama al diálogo para profundizar las bases de entendimiento.

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